Por qué cada vez más adultos vuelven a hacer actividades creativas

Por qué cada vez más adultos vuelven a hacer actividades creativas

Hay un tipo de cansancio que no se arregla descansando.

Es la sensación de estar todo el día con diez cosas a la vez en la cabeza y con la urgencia de tener que estar siempre haciendo algo: ver el último viral en redes, contestar el último WhatsApp y mirar la última notificación. Y a eso hay que sumarle la rutina normal del día a día. 

Si hasta cuando te sientas en el sofá a mirar una serie ¡estás también haciendo scroll en el móvil para desconectar!

Qué concepto tan curioso, este de desconectar.

Ya ni te acuerdas de la última vez que estuviste en casa una hora sin mirar el móvil. O que prestaste atención plena a algo. Y esto hace que, poco a poco, se acumule cansancio mental. Estás saturado y continuamente reaccionando a cosas (notificaciones, recordatorios, mensajes, vídeos) que, en realidad, te dejan vacío.

Por qué las actividades creativas ayudan a desconectar de verdad 

Cuando consumes contenido, todo pasa delante de ti. Tú solo reaccionas. Deslizas. Miras. Pasas a otra cosa rápidamente. El cerebro se acelera porque constantemente está recibiendo estímulos nuevos. 

En cambio, cuando haces algo con las manos, ocurre lo contrario: participas activamente en lo que estás haciendo. Tomas decisiones pequeñas. Tu atención deja de estar repartida entre varias cosas distintas y se concentra en algo físico y concreto. 

Por eso actividades como dibujar, pintar cerámica o bordar se están volviendo tan populares. 

No tiene tanto que ver con la necesidad de convertirse en artistas. Tiene más que ver con la sensación de presencia que generan. De descanso mental. Esa sensación de que el cerebro, por fin, baja revoluciones.

Y además ya está tan extendida la creencia de que las manualidades son solo para niños. Los adultos también necesitan dejar volar su imaginación por un rato.

El descanso de hacer algo sin presión ni objetivos  

Crear por crear. Por disfrutar. Por aprender. Por pasar el rato. Incluso, por compartir con otras personas el proceso creativo. 

Es una vuelta a cuando no estábamos sobrepasados por todos los inputs a los que reaccionamos cada día. La atención se focaliza y el cerebro no tiene que estar gestionando muchas cosas diferentes a la vez.

La cabeza deja de ir tan rápido.

Estás participando en una actividad real y centrándote en detalles pequeños, sin preocuparte por qué será lo siguiente. Y ese descanso de la cabeza tiene un efecto muy potente: por eso cada vez más gente recurre a las actividades creativas manuales para parar un rato el ruido.

Cada vez más adultos vuelven a hacer cosas con las manos 

No porque, de repente, tengamos más tiempo libre. Más bien al contrario. Tiene que ver con la necesidad de recuperar espacios donde no haga falta estar produciendo, respondiendo o consumiendo constantemente. 

Un lugar donde hacer algo lento. Manual. Tangible. 

Como pintar una taza un martes por la tarde. O bordar una flor en un pantalón. O llevar un diario creativo.

Somos más conscientes de que necesitamos apagar un rato el ruido de la cabeza y dejar de reaccionar a todo durante un momento para formar parte de una única actividad real que dé tranquilidad. 

>> Reserva tu mesa para pintar cerámica y regálate un rato donde la cabeza pueda bajar el volumen.